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LAS VIRTUDES HUMANAS DE LOS QUINDIANOS

Palabras del doctor Alberto Gómez Mejía en la entrega de la Orden Quindiano Siglo 21 del año 2005

"Con ocasión de mis faenas relacionadas con el apasionante mundo de la conservación ecológica, me topé un buen día, hace ya treinta años, con una entrevista que el historiador británico Arnold J. Toynbee le había concedido a un periodista holandés: Willem L. Oltmans, autor del libro “Debate sobre el crecimiento”, dialogó con 70 líderes e intelectuales de todo el mundo, para que dieran su visión sobre lo que sería el futuro de este planeta. Me impresionó del profesor Toynbee su claridad conceptual y especialmente la ilación que establecía entre nuestra actitud en la vida, el futuro ecológico y el pensamiento religioso. La he recordado siempre porque veo en ella –y ustedes me perdonarán por esta alusión personal– porque veo en ella a mi padre, Miguel Gómez González, quien creyó y practicó una vida de austeridad y de espíritu de pobreza, que ha sido ejemplarizante para mí.

Decía Toynbee: “Tenemos una vieja visión, aunque no muy vieja comparada con la edad de la raza humana. Me refiero a la visión de los fundadores de las grandes religiones. Pienso y voy a dar los nombres en orden cronológico, en Buda, de la India; Lao Tsé, de China; Jesús, de Palestina… Estos fundadores religiosos discrepan entre sí por su idea acerca de la naturaleza del universo, de la vida espiritual, de la realidad espiritual última; pero coincidieron en sus preceptos éticos. Todos coinciden en que la persecución de la riqueza material es un designio erróneo” . Concluye el historiador que si aceptáramos el estilo de vida de los predicadores de la abnegación y de la renuncia a los bienes materiales del Taoismo, del Budismo y del Cristianismo, “podríamos vivir en la biosfera tanto tiempo como esta fuera habitable”.

He querido traer esta reflexión preliminar porque lo que nos convoca aquí es, en el fondo, el tema de las virtudes humanas. Porque tres instituciones, Quindío siglo 21, Todos por Armenia y la Cámara de Comercio de Armenia, creadas para el servicio y nacidas precisamente de una de las más bellas actitudes, la solidaridad, que proviene de la virtud del amor, el amor a la causa del otro, nos reúnen para hacer unos reconocimientos a unos quindianos que, desde nuestros propios campos, hemos trabajado dando un testimonio personal, testimonio que los dirigentes de estas tres prestigiosas entidades han creído en su generosidad que debe ser exaltado. Aquí, en un sentido muy religioso, se reconoce más el ser que el tener. Hablo por ellos para dar las gracias; pero también quiero hablar de ellos.

Y comienzo con Cecilia Duque. Ella representa un caso insólito en la historia de la administración pública colombiana, no solo porque todos los gobiernos que se han sucedido desde 1990, cuando asumió la Gerencia de Artesanías de Colombia, han reconocido la excelencia de su trabajo y la bondad de sus resultados, sino porque ella cree y practica, con convicción profunda, la realización personal mediante el trabajo cotidiano. Los artesanos de Colombia, que son gente humilde, solo tienen palabras de gratitud con Cecilia. Su tarea, hecha con amor de Dios, la hace trascender. Es un hermoso ejemplo de laboriosidad. fe

Darío Fernando Patiño se forjó como periodista, paso a paso, y ejerce el más bello de todos los oficios, como decía el escritor francés, con intachable rectitud. Es un hombre serio, “sentado y compuesto en las acciones y en el modo de proceder”, según la acepción de la palabra. La timidez que le endilgan nace de su respeto por el otro. Actúa consecuentemente ante la enorme responsabilidad de informar sobre el quehacer de nuestro entorno. Quien conoce la realidad y la verdad se aproxima a la prudencia, que es causa de todas las demás virtudes morales. Darío Fernando no busca protagonismos y al propio tiempo realiza un trabajo de enorme impacto y lo hace con prudencia y voluntad de servicio.
prudencia

Diego Arango ha tenido el Quindío enraizado en su corazón. Seguimos de cerca su trabajo como dirigente cafetero, que consolidó toda la infraestructura rural del mejor departamento de Colombia, y desde luego la creación, gestación y dirección del Parque Nacional del Café, que es su obra magna, generadora de la transformación del Quindío como destino turístico. El Parque fue el detonante del proceso. Había diversidad y paisaje en el entorno y hospitalidad en el alma de los quindianos; faltaba tan solo Diego que como un visionario paradigmático, intuyera el cambio que se produciría. Y lo hizo. Por ello sigue soñando y trabajando por un futuro mejor. Es un hombre lleno de esperanza. esperanza

Luis Carlos Gómez es un caso ejemplar de fidelidad a unas convicciones. Es un hombre íntegro, que dice lo que piensa y hace lo que dice. Por esa razón no tiene miedos. Tiene una solidez interior y una fortaleza fruto de su consagración, de su disciplina, de su rigor. Cree en la Iglesia Católica, cree en su ideología conservadora, cree en la familia, cree en sus amigos, cree en su terruño, cree en Colombia. Quienes hemos trabajado cerca de él sabemos que nadie es tan inmutable como Luis Carlos. Ha ejercido sus oficios con dedicación, que lo ha hecho merecedor a todos los reconocimientos. Y de la fidelidad a lo que cree, surge precisamente su lealtad. Es un hombre profundamente leal. fortaleza

Julián Jaramillo, como buen nieto de don Toto Escobar y don Horacio Jaramillo, forjadores de estas tierras, heredó y practica la templanza, que lo ha convertido en un profesional exitoso y eficaz. Su lucha por formarse es asombrosamente meritoria. Tiene siempre claridad en sus objetivos y trabaja sin tregua para conseguirlos. Con un racionalismo muy práctico, sigue sin desfallecimientos los métodos que se impone a sí mismo. Es juicioso. Y la generosidad que brota en abundancia de su corazón es la mejor expresión de su bondad: en su contabilidad se incrementa más su patrimonio interior, dando que recibiendo. templanza

En mi caso, por último, debo reconocer serenamente que ha existido más generosidad de la que gente que ha creído en mí, que mérito personal. Si el Jardín Botánico del Quindío y la lucha por defender el patrimonio natural de Colombia, tienen el reconocimiento internacional que hoy ostentan, ello se debe, en buena parte a la gente con la que hemos compartido unos ideales y en parte a quienes se nos han opuesto, pues a la larga nos dieron fuerza para perseverar. Soy un convencido que el trabajo en equipo es lo que puede transformar el mundo para hacerlo un mejor hogar para todos. No creo en la suerte, pero sí creo en los sueños. Y todo depende de nuestra habilidad para convencer a otros de compartir lo que soñamos. Algunos están aquí, otros están lejos, otros más se han ido. Pero este reconocimiento que me hacen, es para ellos.

Si las virtudes de estos quindianos, entendidas como integridad de ánimo y bondad de vida, según la bella definición del diccionario, fueran exaltadas siempre, como lo hacen en esta noche la Fundación Quindio siglo 21, Todos por Armenia y la Cámara de Comercio, tendríamos toda una pedagogía de vida.

Si tuviera la fe de Cecilia, la prudencia de Darío Fernando, la esperanza de Diego, la fortaleza de Luis Carlos, la templanza de Julián y el amor de todos ustedes que se refleja con su presencia en este acto, yo sería un mejor ser humano".

Muchas gracias

Alberto Gómez Mejía

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